La Tentación del Exceso: Por Qué Sueño con La Historia Interminable

The Temptation of Excess: Why I Dream of The Neverending Story

Autor: Tomás Barceló

Le doy vueltas a una idea que me acompaña desde hace años: algún día me encantaría hacer algo con La historia interminable de Michael Ende. Fue el primer libro “de verdad” que leí, con siete años y quedé fascinado. Aquel mundo me absorbió por completo y abrió en mí la posibilidad de que existieran otros mundos escritos, esperando a ser descubiertos.

Desde entonces lo he releído incontables veces y en cada lectura descubro algo nuevo. La tortuga gigante, el viejo de la montaña, el minero ciego de sueños, los ayayay… todo ese universo es una mina inagotable de belleza.

El problema de adaptar lo inadaptable

El libro tuvo su famosa película en los 80: imperfecta, criticada, pero con encanto. Creo que adaptar esta novela es casi imposible por una razón muy simple: la imaginación de Ende es excesiva. Su mundo no está pensado para ser domesticado, y sin embargo eso es lo que solemos hacer cuando lo llevamos al cine o a la ilustración.

Un ejemplo evidente: Atreyu. En la película es un niño moreno; en el libro es verde, literalmente verde. Y lo mismo sucede con la Emperatriz Infantil, “la de los ojos dorados”. No ojos color miel: ojos de oro. Globos oculares de oro. Cuando era pequeño me lo imaginé así, sin negociaciones, y esa imagen me marcó hasta el punto de que en algunas de mis esculturas aparecieron ojos dorados nacidos de esa pregunta: ¿cómo sería un ojo de oro?

Cada vez creo más que la mejor manera de adaptar La historia interminable sería tomar las descripciones al pie de la letra y llevarlas al extremo. No suavizar. No hacerlas “creíbles”, sino abrazar el exceso.

Occidente y el miedo al color

Quizá esto nos cuesta en Occidente, especialmente en el Mediterráneo, donde buscamos moderación, armonía, elegancia. Pero creo que La historia interminable pide el atrevimiento de un camión pakistaní. Cuando se trabaja sin miedo y el diseño se lleva a su punto más alto, ocurre una magia inesperada: incluso lo exagerado encaja.

Me interesa mucho ese rango creativo completo: desde la sobriedad hierática de la escultura egipcia hasta el estallido ornamental de la tradición hindú. Son dos extremos más conectados de lo que parece: la misma figura puede ser serena o exuberante según cómo la vistes. Empiezo a ver lo sobrio y lo barroco no como bandos opuestos, sino como dos extremos de un mismo espectro creativo entre los que nos podemos mover.

Llevar las ideas al extremo no significa que siempre funcionen. Unos ojos dorados pueden quedar hermosos en una escultura y completamente ridículos en un personaje real. Da igual: ya volveremos atrás. Lo importante es probar. Superar el miedo. No quedarnos con lo que “quedaría bien”, sino preguntar: ¿qué pasa si lo llevo un paso más allá?

Mi fantasía secreta

Y aquí llega mi confesión pública: uno de mis sueños sería trabajar en una adaptación de La historia interminable, sin suavizarla, sin pedir permiso a la moderación. Siguiendo lo que dice el libro. No creo que vaya a ocurrir, por temas de derechos y porque la vida es la que es, pero en mis fantasías creativas sigo paseando por esos paisajes imposibles y esos personajes exuberantes.

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